Solicitar financiación, ya sea una hipoteca, un préstamo personal o una línea de crédito para un negocio, implica pasar por un proceso de evaluación que muchas veces resulta opaco para quien lo solicita por primera vez. Entender qué analiza realmente una entidad financiera ayuda a preparar mejor la solicitud y a negociar en mejores condiciones.

La capacidad de pago, el primer filtro

Antes de fijarse en el importe solicitado, los bancos analizan la relación entre ingresos y deudas ya existentes. Como norma general, se busca que el conjunto de cuotas mensuales no supere entre el 30% y el 35% de los ingresos netos, aunque este umbral puede variar según la entidad y el tipo de operación.

Historial crediticio y estabilidad

El historial de pagos previos, reflejado en ficheros de solvencia, y la estabilidad laboral son otros dos elementos determinantes. Un contrato indefinido con antigüedad suele valorarse mejor que ingresos variables, aunque estos últimos también pueden aceptarse si existe una trayectoria consistente que los respalde.

Garantías y finalidad de la operación

En operaciones como la hipoteca, la vivienda actúa como garantía, pero el banco también valora el porcentaje de financiación solicitado sobre el valor de tasación. Para Diego García del Río, cuanto menor es ese porcentaje, mejores suelen ser las condiciones ofrecidas, ya que el riesgo asumido por la entidad se reduce de forma proporcional.

Cómo preparar una solicitud sólida

Presentar documentación ordenada, evitar acumular consultas de crédito en un periodo corto de tiempo y comparar ofertas de varias entidades antes de decidir son prácticas que mejoran de forma notable la posición negociadora del solicitante. La financiación más barata no siempre es la primera que se ofrece, sino la que se consigue después de comparar y negociar con información suficiente.

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